Un cuento de 14 habitaciones

12 de mayo 2026

¿Estas letras escaparán tus ojos? Juraría que no porque eventualmente las notarás, aunque cuan tarde no lo sé. ¿Relees acaso lo que te escribo? ¿O es un tema de corta lectura? Periódicos de ayer, podríamos decir.

Esto te lo escribo la noche anterior a volver a ti, antes de alistar mi mochila. Quisiera quedarme más tiempo contigo, una eternidad si la vida me la otorga, pero es una promesa tan vaga que mejor, en su lugar, te cuento una historia muy corta.

En uno de mis libros favoritos (El Aleph, Borges) se cuenta la historia de Asturión. Esta criatura de la Grecia antigua no posee una gran capacidad intelectual, pero se las arregla para entender, a su manera, los asuntos humanos, y de él se dice que habita una casa con habitaciones infinitas. Lo interesante aquí es que, en realidad, la casa tiene 14 habitaciones, solo que Asturión no puede entender un número tan grande y complejo como el 14, así que para él este número equivale al infinito.

Olvidemos el resto de la historia que no te diré que la leas, sino que te sientes a mi costado y me dejes leértela, o mejor aún, contártela, y centrémonos en que para Asturión ese 14, tan colosal, era un infinito. No sé si sea la mejor comparación, pero para mí el futuro se siente como esa casa: infinita, pero sé que las habitaciones las tiene contadas. Y de esas 14 ya quemé varias: habitaciones felices, otras tristes, algunas que quisiera volver a vivir para recordar, y otras pocas revivir para actuar diferente. Pero no hay forma de regresar a lo que alguna vez ya se vio porque por desgracia la vida se vive de frente, pero con los ojos mirando hacia atrás.

Y aun así, en medio de esa melancolía que es tan característica en mí (acaso tú aún no me has conocido así) miro hacia ese pasadizo que me lleva a las habitaciones que me quedan, el resto de ese infinito 14, y me pregunto qué será de mí y no puedo dejar de pensar en el futuro tan agobiante que me espera, porque sé que no somos más que motas de polvo en el universo. Pero lejos de que la ansiedad me gane, pienso en ti y recuerdo o acaso recién aprendo que la vida también es buena y vale la pena vivirla cada segundo que pasa, porque amor no sé cuántas habitaciones, de esas 14, me quedan, pero aquí en el pecho sé que tengo una con tus maletas, porque un día de diciembre te mudaste aquí conmigo y desde entonces el corazón solo lo llevo completo cuando estoy contigo.

Daniel