Mari,
Ha pasado un tiempo desde que no te he escrito. Sabes que esto es porque, igual a esto, ha pasado un tiempo desde que nos hemos separado. Andas lejos de nuevo, lejos de mí, de esta ciudad que nos reclama a todos como el centro de un torbellino. Me duele tu partida, aunque sabes bien que puedo tolerarla gracias a que uno aprende a cerrar el alma y ocultar el corazón para evitar el daño. Tu ausencia me contamina, acaso más que a ti, y la enfermedad pulula cada rincón de mi cuerpo. Pero igual despierto cada mañana y me preparo el café como lo he venido haciendo por años. La vida es gris y así me duele. Pero pronto llegas tú y con eso mi alma se alegra y canta y no puedo esperar el momento para verte salir de esa puerta, la misma puerta del mismo aeropuerto, y sentir que, al fin, el corazón me ha vuelto a latir.
No aguanto más estar lejos de ti. Vuelve rápido, por favor.
Daniel