Viaje a la vista ✈️

13 de junio 2026

Mari,

La puerta se abre al acercarme a ella y de pronto siento ese aroma a pesadez y esterilidad que este nuevo aeropuerto tiene, similar a un hospital o clínica moderna. Algo nuevo debe tener el aire acondicionado desde que pasamos la pandemia. Avanzo por los amplios pasillos y hago la «fila» para entrar a los vuelos nacionales. No hay nadie más que yo y los trabajadores. Estoy acostumbrado a que las personas que trabajan en atención al cliente lo traten mal a uno. Han vivido tanto y soportado a tanta gente, que ya no les queda voluntad de servicio. Gracias doy de nunca haber tenido que trabajar en eso. Pero en esta fila inexistente, los empleados me reciben con sorpresa. Me levantan la mano y me desean un buen viaje, me llaman desde lejos para dejar mis cosas en las máquinas de seguridad. Me hacen conversación mientras espero que revisen mi equipaje…

Aeropuertos he pisado menos que tú, pero aun así los he recorrido lo suficiente para conocerlos vacíos y llenos y más que llenos, cuando la gente pelea por hacer fila, grita a los empleados, y se empujan para entrar al avión. Es el típico espectáculo de estos edificios que la mayoría de personas ve cuando hay algo importante que justifique el comprar un pasaje de avión, y acaso los seres humanos somos todos tan parecidos, que las fechas importantes siempre se nos cruzan. Así que somos 3 millones de personas que, viviendo en Lima, decidimos ir en diciembre a pasar «fiestas» con nuestras familias. Y así ocurre en Semana Santa, fiestas patrias, feriados largos… si hay un hueco en el calendario, somos 3 millones de cabezas que pensamos en alistar las maletas e irnos de viaje, y yo siempre he sido uno de ellos.

Pero ahora no es así, ahora paseo por aeropuertos vacíos y entro en aviones que no superan la mitad de su capacidad. Miro a dos grupos de turistas queriendo conocer Cusco, una pareja de ancianos que seguramente vino para visitar a sus hijos. Algunos hombres y mujeres de negocios hablando siempre por teléfono y dando instrucciones de compra o resolviendo problemas (justamente así imagino a tus jefes), unos pocos estudiantes que van de paseo a Cujquito, y yo, un hombre que va a ver a la mujer que ama. No hay fecha especial, no hay un cumpleaños, la boda de un amigo, la fiesta de aniversario, no, solo las ganas de verla.

Eso soy, eso eres. Dos personas que, si la gente tuviera que dar ejemplos de lo que es el amor, hablarían de los viajes que nosotros hacemos. Me daría mucho pánico si alguien me pregunta una lista de razones por las cuales te amo, porque siento que la gente suele responder con grandes gestos o con cosas triviales (porque amar está en los detalles, suelen decir), y yo tengo de ambos, pero sabes que lo cliché no me fascina y ante la búsqueda de originalidad en mi respuesta quedaría quieto, absorto en mis pensamientos. Pero al menos hoy, mientras recuerdo esos pasillos vacíos y tú la salida del aeropuerto en Cusco, sé qué forma realmente tiene el amor: tu silueta y la mía inmortalizadas en un beso que la distancia nos hizo esperar.

Nos vemos en unos días, te amo.

Daniel